La otra enfermedad de la pandemia
- Abel Aleman
- 17 feb 2022
- 2 Min. de lectura
Actualizado: 4 abr 2022
Durante el confinamiento se han reportado más casos de depresión, ansiedad y soledad.

El pasado 19 de noviembre, en un mercado de Wuhan, China apareció el paciente cero de una enfermedad que al día de hoy nos sigue azotando, posteriormente el virus se esparció por toda China, luego, varios países económicamente potentes empezaron a llenar de pacientes sus salas hospitalarias, hasta que el 30 de enero de 2020, la Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró la enfermedad como pandemia, ¿Su nombre? Covid-19.
Con el fin de resguardar la vida de sus habitantes, evitar la propagación masiva de la enfermedad y de esta forma tratar a toda costa que sus salas hospitalarias no colapsaran como en Europa, los gobiernos decretaban cuarentena total, por lo tanto, centros educativos, recreativos y comerciales, sitios de trabajo, atracciones turísticas, plazas públicas, todo, absolutamente todo quedaría vacío, lo que significaba el aislamiento total de la población.
Los niños ya no continuaban jugando con sus amigos en el recreo, los trabajadores ya no hacían bromas en la hora del almuerzo, los universitarios ya no veían a sus amigos y las parejas de noviazgo estaban distanciadas, las personas permanecían 24/7 en sus hogares, sumando a esto el miedo por una infección del virus, una visita a la sala de hospital o la muerte a causa del Covid-19, comenzó a desarrollarse en la población una nueva enfermedad, la depresión.

Las personas tenían su estabilidad emocional devastada, los constantes bombardeos de información preocupante, la falta de trabajo y por ende de recursos económicos, el duelo, la soledad y la ansiedad, fueron algunos de los factores por los cuales la Organización Panamericana de la Salud, decretó que la pandemia por Covid-19 aumentaba los riesgos de suicidio a nivel mundial.
Es muy común, aún en 2022, seguir viendo una constante lluvia de informaciones referentes al Covid-19, su infección y vacunación, pero las autoridades del país aún no dan la atención debida a la salud menta de los hondureños, donde muchos siguen teniendo secuelas a diario de ataques de pánico, ansiedad y depresión, y si no se toma en cuenta este problema, Honduras estaría en riesgo de tener una alta tasa de suicidios.
Hablar no nos convierte en débiles.
Por: Abel Yovanni Alemán

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